Comienza a rodar un nuevo proyecto, Empatía , mi quinto cortometraje. Podéis saber algo más en el blog que han creado en la productora, MR Misto.

 




Biorrelatos: Mi primo Ringo

La noche antes de la gran operación ningún humano consiguió conciliar el sueño en el área de observación del NC-r30 (neuropsychological center - room 30). El macaco elegido, MK10(Monkey number 10) tampoco durmió. Se pasó toda la noche haciendo alarde de su gran sentido del ritmo, batiendo el bambú contra los barrotes de la NC-r30. Era como si aquel pequeño ancestro de los hombres hubiera intuido su futuro.  Es por ello que MK10, el día de la operación, pudo disfrutar de un privilegio único para los elegidos. MK10 tuvo lo que los científicos llamaban un nombre sentimental. Decidieron llamarle Ringo,  en honor a su gran habilidad para la música percutora. Al día siguiente, su mejor amigo, el doctor FU,  abrió el diminuto cerebro del simio para ensamblarle un sofisticado sistema electrónico. A FU le temblaban las manos, le temblaban porque había una posibilidad entre diez de que Ringo y él ya no volvieran a comer pistachos juntos en la final de la Super Bowl. Pero todo salió "bien" y a partir de ese momento Ringo llevaría un botón pulsador en su cabeza con el que podría autoinfundirse impulsos eléctricos que a su vez inyectarían dosis ingentes de dopamina -el neurotransmisor del placer- en su sistema nervioso. Ringo no tardó en aprender a pecar y se pasó las tres semanas antes de su muerte masturbándose con su nuevo juguete. Murió de inanición, pues los macacos, según el informe de la NC-r30, optan siempre por el ahorro de recursos y siendo más sencilla la acción de pulsar un botón que la de pelar una banana, se decantó en todos los casos por lo primero. Su mente poco evolucionada únicamente veía la finalidad de las cosas pero obviaba siempre el camino que conduce a conseguirlas. 


Biorrelatos: pajamas mom

Suele suceder en pueblos pequeños donde nunca pasa nada.  Jennifer Boys, así le "apellidaban" en el colegio por su éxito con los miembros del equipo de Futbol. Ahora, 32 años después, había viajado por todo el mundo en busca de un sueño que nunca alcanzó, quizá ser únicamente Jennifer boy, en singular. Dicen que llegó a trabajar hasta en un circo.  Ya no conservaba siquiera su viejo apodo, ahora tenía uno nuevo, Pajamas Mom, obra del mismo aquelarre que dio cruz a su juventud. 
Jenny nunca fue culpable del crecimiento temprano de sus pechos ni tampoco de su perfecta forma ovoidea. El 14 de enero de 1950, Bobby lamb fue el único capaz de sacar 10 en la asignatura de dibujo técnico. En la última pregunta había que dibujar un óvalo a mano alzada. Bobby era uno de esos chicos que armaban pequeños barcos de madera, de pensamiento en forma de autopista con pocas salidas, lineal, meticuloso y milimétrico. El aquelarre decidió restar mérito al mérito de Bobby, alegando que había copiado de las tetas de Jenny. El orgullo de bobby se derrumbó al observar como su proeza se convertía en un chiste obsceno y se desparramaba por todas las bocas del recreo. Bobby se sintió sucio, ridículo y miserable por ser el pierrot del año mientras el aquelarre curaba su complejo de inferioridad a base de reducir cabezas inteligentes. Ese mismo año, Jennifer abandonó uno de sus mayores placeres, los batidos growing-cao con avellanas, como último recurso para detener el crecimiento inquebrantable de sus senos,  entre ellos, un triángulo de las bermudas perfecto donde se estrellaron todos los hombre que conoció. 
32 años después, la pobre Jenny  se preparaba para bajar a su bebé por primera vez al parque. La niña tenía a penas unos meses pero ya padecía una risa constante que le afeaba la cara, era uno de esos bebés que no saben sonreír.  Jenny se despojó de su camisón y se enfundó en su nuevo uniforme de mamá, un chándal deportivo, quizás demasiado deportivo, muy flojo, sin estilo, con fibras porosas que filtran el sudor y dos líneas refulgentes para correr por las noches y evitar un atropello. Lo compró el día anterior en los almacenes Clark & Clark Junior de su tío Clark, pero la atendió su hijo, el primo Clark. A primera vista no le gustó, nadie se lo había probado nunca, lo que propició una rebaja del 80%.  

Clark -Llévatelo, Jenny, nadie lo quiere porque no está a la moda, quiero decir, no es uno de esos bonitos disfraces de deportista con los que pudieras encontrar pareja mientras haces footing. Pero, creeme, es un ferrari comparado con todos ellos.

Jenny, divorciada y sin pensión, trabajando a doble jornada en una fábrica de cubertería, accedió casi sin remedio. 
Eran las 12:00 p.m. cuando Jenny, Jennifer Boys, accedió orgullosa al recinto para mamás y niños del parque Green Stone. Su llegada significaba una presentación oficial para todo el elenco de madres y bebés, incluido el aquelarre, que no tardó en pronunciarse.

Aquelarre -Chicas, mirar quien acaba de llegar... ¡pajamas mom!-

Jenny no pudo evitar escucharlo pero sí pudo comprobar como efectivamente la vida es simplemente una circunferencia por la que transcurrir y como siempre acabas regresando al mismo lugar. Lo que le sorprendió es que algunas personas permanecieran en ese mismo lugar durante toda la vida, sin ir a ninguna parte, curando su aburrimiento a base de reducir cabezas inteligentes. 




Biorrelatos: Un hombre baladí


Jenny no sólo se hacía llamar como una mujer, ahora también vestía como ellas. Entró en la tienda del señor Peter, simétricamente arreglado, que no tardó en reconocer el color quebrado de sus mejillas, el maquillaje era tan caro como encubridor pero no lo suficiente. Jenny se desorbitó entera al vislumbrar el último modelo de Jean Paul Gaultier.
MR. Bear, así le apodaban por su gran cantidad de pelo corporal y por la ponzoña que portaba pegada a él. Otros le llamaban black bear, pues su inmensa barriga siempre estaba llena de una pasta negruzca, la desafortunada mezcla de grasa y alquitrán que se desprendía de los trastos que arreglaba. Era su vida, pero a Peter, su hijo, no le gustaba que su padre fuera un oso cervecero y analfabeto que dedicaba todo el tiempo del mundo a destaponar alcantarillas y ver los partidos de la NFL. Lo cierto es que Mr. Bear era el único oso cervecero y analfabeto de la Beauty Forest, una urbanización para gente muy adinerada, donde Bear se ganaba la vida como arreglador de cualquier cosa. El padre de Peter no ganaba lo suficiente como para mantener a su hijo allí, pero el colectivo de caballeros de Beauty Forest hacían una donación anual para que el chico tuviera un sitio en la escuela y al club de tenis. Una profesora de la Beauty Forest School le había confesado a Peter que para ser un hombre culto tendría que conocer muchos conceptos y éste confundió -lo hizo durante toda su vida- conceptos con palabras. Aquellas navidades, el joven Peter había pedido un diccionario al club de caballeros en lugar de la típica raqueta de pádel.

Jenny - ¡Me encanta!
Peter - Esta es una pieza que requiere más argumentos. (A sabiendas de que la pobre Jenny no era una persona que supiera muchas más palabras.)
Jenny - ¿Cuánto cuesta?
Peter - No está a la venta, al menos no lo está para personas como usted.
Jenny - Me está diciendo que no me vende... porque soy...
Peter - Acaso. Intuyo que es usted un travestista o transformista ¿Estoy en lo cierto?. (La gente inteligente usa "acaso" en lugar de "quizá", pensó.)
Jenny - ¡Sí, está en lo cierto! ¿y usted no se considera un travesti? pues... ¿sabe? usted es uno de los nuestros vistiéndose con esa corbata a cuadros príncipe de Gales para aparentar ser la persona que desea. La única diferencia entre usted y yo es que usted no lo logra.  ¡Váyase a la mierda!

Peter reconoció cierta palpitación en su orgullo al ver que Jenny, una mujer infranormal, conocía el concepto "cuadros príncipe de Gales". Le pareció incluso una blasfemia que un burdo travestido utilizara palabras superiores para herirlo. Peter pensó durante unos segundos la respuesta, los justos como para no llegar a destiempo y parecer un hombre poco locuaz, desarmado.

Peter - Baladí. Su comentario me parece baladí y le pido que abandone mi negocio. (Pensó en catalogarla como "trivial", un adjetivo culto pero quizá no lo suficiente para tal ataque. Luego se acordó de "baladí", eso es, "baladí", eso sí es un contraataqué, una palabra que posiblemente ni entienda. La había aprendido por la mañana, en un discurso de un político conservador que descalificaba a la oposición.)









Noche de San Juan

No te arrojaré a ti a la hoguera. No irás tú al fuego,  hombre que bebes y vives de la muerte. Envolveré tu infancia perdida entre papeles y dibujos que no sirven, tu sin sentido, tu teoría -coartada ideal para no sentirte absurdo-, tus maletas vacías. No te arrojaré a ti porque en ti aun tengo esperanza,  hundiré en las llamas tú nombre para que no te encuentres, tus memoria para que no recuerdes y tus manos... no irán a la hoguera tus manos porque las necesitarás para dar forma al barro y volverte a hacer... lava tu manos, asesino, lávalas en agua de manantial, vuelve a empezar y límpiate de toda esa sangre que no es tu sangre. Porque no serás tú a quien arroje a la hoguera. 

De la vergüenza del tiempo

El tiempo debe ser vergonzoso.
La velocidad de la luz decrece. 
La máquina tiende a pararse. 
Hagan cosas, tiren del hilo ahora que pueden. 
Funcionen!!! 
empatía



Se dice de los  psicópatas -los que asesinan- que no son capaces de ponerse en el lugar de sus víctimas y que por eso matan. El ser humano economiza en esfuerzos y mercantiliza su energía, pero la empatía es quizás la única actitud humana  que no pide a cambio, que actúa de manera gratuita para el beneficio de la tribu: Una pirueta del ego que nos permite mirar más allá de nuestro ombligo.