
Minifundio del pensar frente a universo
Tengo una amiga cuyas dudas podrían ser envueltas en pan de oro y subidas a lo más alto para que las viera todo el mundo.
Hace unas semanas comenzamos con el curso de storyboard que estoy impartiendo dentro del programa "Noite nova" del ayuntamiento de A Coruña. Estoy muy contento con los alumnos pues son gente implicada, noble y con un montón de talento. Pero hay algo que me ha impresionado de ellos y es que no dudan. Cuando trabajamos en el diseño de una secuencia a penas dedican tiempo a pensar y recapacitar. En algunos casos se debe a que la pasión por el dibujo les arrastra al papel; en otros es una cuestión de "economía del pensamiento" porque el cerebro se agarra a lo que ya conoce, a lo seguro, a lo barato. Este último caso es el que más me llama la atención. Somos ególatras y minifundistas hasta para pensar, puesto que la duda abre un agujero negro que da miedo y tira para atrás. La duda es fría. Pero al otro lado de ese agujero pueblan luces preciosas, millones y millones de fragmentos de estrellas incandescentes, nácar de planetas engullidos y colas de cometa más impresionantes que la
ciudad congelada de Harbin. Por eso debemos precipitar la certeza al vacío y dar lugar a la duda. Aquí no vale eso de que es mejor pájaro en mano que ciento volando, aquí no. La creatividad, el libre pensamiento es una cuestión de cielo, de horizonte, de cientos y cientos de plumas en el viento. Lo dijo Dylan,
"The answer, my friend, is blowing in the wing, the answer is blowing in the wing".
Tengo una amiga que duda, duda mucho y, a veces, cree que ese es su problema. Pero benditas sus dudas, firmes, cabales, llenas de razón... llaves del universo que la catapultan hacia las estrellas.