Terraceros



Noe y yo nacimos en una terraza. 
Los terraceros somos la antítesis del hombre de calle, preferimos el “oteaje” antes que el cara a cara. No es que el terracero sea tímido o cobarde, no, simplemente elije una perspectiva enaltecida por la distancia –las ratas no salen en el mapa-. El terracero vive en un ikebana suspendido, una cueva sin techo, un paraíso protegido, es la razón por la que  vivirá de por vida junto a su anhelo: El terracero quiere ser un hombre de calle pero ya sabe demasiado...
La virtud del terracero puebla en su notable cordura quizá porque no vive entre los hombres. Las terrazas son los observatorios de la humanidad y el terracero la omnisciencia, dios debe ser algo así como un terracero, un hombre estático, un James Stewart escayolado, él no juega a los dados pero el terracero sí:
Noe y yo nacimos en una terraza y por eso somos como somos. A veces jugamos a colgarle vidas al hombre de la calle, adelentamos sus movimientos, predecimos su futuro y reconstruimos su pasado ¿habremos acertado?