uno

No sé como comenzar este texto, el primero del año. Me da respeto sobretodo la primera palabra ¿Cual de entre tantas? Pero, mientras me debato entre cientos de maneras de romper el hielo, caigo en la cuenta de que ya lo han roto otros antes y ahora es mejor solución unir que fragmentar. 
Uxía va en el asiento de atrás del vehículo que nos lleva al lugar donde finalizaremos el año. De su voz brotan dulces melodías inacabadas -porque sólo tiene tres años- que pertenecen al Monochrome de  Yann Tiersen. La letra de la canción es en inglés, hay algunos fragmentos que ha memorizado, no los entiende pero es posible que los intuya como nos ocurre a todos aquellos que no dominamos esa lengua. Uxía dice "don´t worry" mientras su vocecita va dejando una estela de belleza por toda la autopista y colorea el gris del asfalto que ya dejamos atrás. Como todos los niños de su edad,  es una pequeña pintora de paisajes libres, imposibles de hilvanar por la lógica o la razón adulta. Con esa voz vamos entrando en el nuevo año, poquito a poco, y siento que vamos siendo nosotros también esa voz. 
Los momentos de crisis son grandes contenedores de oportunidades y no hablo del 70% de rebaja que se exhibe estos días en los escaparates comerciales. Hablo de aprovechar esas vertiginosas caídas de bolsa, de salpicarnos con la sangre que se derrama en Gaza, de sentir el hambre de África o tiritar con el frío del cayuco que se mece entre mareas asesinas. Es buen momento para subir ese peldaño, sólo uno, y cambiar de cota, ver un poco más a vista de pájaro y descubrir que somos todos la misma cosa. 
Ayer cayó un misil sobre mi habitación y supe entonces la palabra, la primera palabra que dará comienzo a este texto y también a este año.