Biorrelatos: Un hombre baladí


Jenny no sólo se hacía llamar como una mujer, ahora también vestía como ellas. Entró en la tienda del señor Peter, simétricamente arreglado, que no tardó en reconocer el color quebrado de sus mejillas, el maquillaje era tan caro como encubridor pero no lo suficiente. Jenny se desorbitó entera al vislumbrar el último modelo de Jean Paul Gaultier.
MR. Bear, así le apodaban por su gran cantidad de pelo corporal y por la ponzoña que portaba pegada a él. Otros le llamaban black bear, pues su inmensa barriga siempre estaba llena de una pasta negruzca, la desafortunada mezcla de grasa y alquitrán que se desprendía de los trastos que arreglaba. Era su vida, pero a Peter, su hijo, no le gustaba que su padre fuera un oso cervecero y analfabeto que dedicaba todo el tiempo del mundo a destaponar alcantarillas y ver los partidos de la NFL. Lo cierto es que Mr. Bear era el único oso cervecero y analfabeto de la Beauty Forest, una urbanización para gente muy adinerada, donde Bear se ganaba la vida como arreglador de cualquier cosa. El padre de Peter no ganaba lo suficiente como para mantener a su hijo allí, pero el colectivo de caballeros de Beauty Forest hacían una donación anual para que el chico tuviera un sitio en la escuela y al club de tenis. Una profesora de la Beauty Forest School le había confesado a Peter que para ser un hombre culto tendría que conocer muchos conceptos y éste confundió -lo hizo durante toda su vida- conceptos con palabras. Aquellas navidades, el joven Peter había pedido un diccionario al club de caballeros en lugar de la típica raqueta de pádel.

Jenny - ¡Me encanta!
Peter - Esta es una pieza que requiere más argumentos. (A sabiendas de que la pobre Jenny no era una persona que supiera muchas más palabras.)
Jenny - ¿Cuánto cuesta?
Peter - No está a la venta, al menos no lo está para personas como usted.
Jenny - Me está diciendo que no me vende... porque soy...
Peter - Acaso. Intuyo que es usted un travestista o transformista ¿Estoy en lo cierto?. (La gente inteligente usa "acaso" en lugar de "quizá", pensó.)
Jenny - ¡Sí, está en lo cierto! ¿y usted no se considera un travesti? pues... ¿sabe? usted es uno de los nuestros vistiéndose con esa corbata a cuadros príncipe de Gales para aparentar ser la persona que desea. La única diferencia entre usted y yo es que usted no lo logra. ¡Váyase a la mierda!

Peter reconoció cierta palpitación en su orgullo al ver que Jenny, una mujer infranormal, conocía el concepto "cuadros príncipe de Gales". Le pareció incluso una blasfemia que un burdo travestido utilizara palabras superiores para herirlo. Peter pensó durante unos segundos la respuesta, los justos como para no llegar a destiempo y parecer un hombre poco locuaz, desarmado.

Peter - Baladí. Su comentario me parece baladí y le pido que abandone mi negocio. (Pensó en catalogarla como "trivial", un adjetivo culto pero quizá no lo suficiente para tal ataque. Luego se acordó de "baladí", eso es, "baladí", eso sí es un contraataqué, una palabra que posiblemente ni entienda. La había aprendido por la mañana, en un discurso de un político conservador que descalificaba a la oposición.)




3 comentarios:

Lara dijo...

Gracias por el pdf del story y por enseñarnos ¡¡¡ muchas gracias ¡¡

Anónimo dijo...

¡¡Tu tambien Brutus!!! rodeada de arabes 8 h al dia,en pleno Ramadam...
Una vez saciada mi curiosidad de la etimología de la palabra baladí,has creado un debate entre yo y yo misma.

Conclusión: hoy en día creo que no tiene caracter peyorativo ser "do pais" si no pobre alvariño;)

ah...y pobre queso de tetilla!!

Bicazos pequeñuelo

Papafritanga

Anónimo dijo...
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