Arte experimental y Canto de Permanencia

¿Qué se considera arte experimental? ¿Donde se esgrimen los limites que acotan una cosa y la otra? Definir en arte es como meter los pies en el fango e intentar correr deprisa. Experimentar creando, sin embargo, supone una tarea agradecida que casi siempre oxigena aires viciados.
Hace unos días asistí a una conferencia con motivo de la nominación a los Mestre Mateo de nuestro documental Canto de Permanencia. Los ponentes, Marcos Nine y yo, intentamos explicar nuestros proyectos y plantear un debate sobre eso que se denomina cine experimental.
De acuerdo, el niño aprende mimetizando, cogiendo del mundo, pero luego hay espacios de ensimismamiento, hedónicos, donde cogen de la nada, pura creatividad, donde aprenden la magia, auténtica alquimia que les será muy útil en el futuro cuando las cosa no vayan bien. El arte en ocasiones despunta cierto hedonismo que a mí me lleva a la niñez, ese tiempo en el que funcionaba sólo, únicamente acompañado por mis G.I. Joe. Sí, el peligro de la creación experimental es precisamente esa oscuridad en la que trabaja, los experimentadores a veces no poseen otro objetivo más allá que el de su propio placer y, si es así, al final acabarán por claudicar el proceso creativo circunscribiéndolo en un círculo cerrado. Pero también es imposible meter material orgánico en una historia, dotarla de vida, sin proyectarse uno ahí, sin vaciarse dentro. Esa es la verdadera esencia de aquello que llaman llamaban cine de autor, donde todo desprende ese aroma a volcado personal del creador. Pero el cine experimental no es eso, o únicamente eso, es más sencillo, se fundamenta en la creación, justificada o no, de algo que todavía no ha sido comprobado. Si el resultado es satisfactorio, coherente, y se comprueba una hipótesis, se suele llevar al mundo. Si al mundo le parece interesante útil, entonces el mundo practicará copias sobre él experimento y el número de copias estará directamente relacionado con la universalidad supuesta del mismo. ¿Y si las copias funcionan en el mundo?entonces el experimento concluirá su vida como tal y se estandarizará, se asumirá, se convertirá, a buen seguro, en género. Estoy convencido de que lo suculento del género, la estandarización, por filosófico que parezca, puebla en la eternización del uno mismo, más allá de la tan perseguida aceptación del grupo. Pero, para que quiero yo la eternidad si puedo coger de la nada, vivir en ese espacio virgen, blanco, donde todo está aun por hacer. Y saber que aun hay algo por hacer es la única manera de seguir vivo.

Un saludo a Marcos Nine y gracias por esa conversación a pie de pista