De la situación actual de algunas palomas




Ya son varios los días en los que, por motivos de trabajo, atravieso una plaza de mi ciudad. No es cualquier cualquier lugar, no, o quizá sí, porque en ella habitan unos seres de dificil descripción pues ya no son lo que eran y lo que son no se sabe muy bien lo que es.
Antes estas palomas eran palomas ahora cuesta incluso llamarles así. A las 7:00 arman fila en el centro de la plaza, gordas, mugrientas, algunas muy tullidas, con el plumaje roído y los ojos descolgados. ¿A quien esperan? me pregunto. Entonces aparece un hombre cojo, de rostro sin brillo y mirada depresiva. Va desaliñado pero no parece pobre ni indigente. Cubre un banco con un periódico y se sienta sobre él para evitar el rocío. Las palomas zombies se van acercando al hombre, arrastrándose sin la menor intención de alzar el vuelo para llegar antes. El hombre abre una bolsa y desmenuza cientos de trozos de pan que arroja al suelo. Las zombies desayunan.
 Pasé otro día por la tarde. Estuve un rato y prometo no haberlas visto volar ni una sola vez. Allí estaban, drogándose con todo lo que se les caía a los niños de las manos, trozos de pastel, chorizo pamplona, pan de bocata y juraría que hasta vi a una comer un cromo de la selección española. Creo que era Casillas. Lo niños les tiran de las plumas, las pisotean y ellas ni siquiera se inmutan... se habrán vuelto "cristianas" permaneciendo incomprensiblemente ancladas al asfalto, recibiendo golpes en un baño penoso de polución y miseria. Las miro y pienso si todavía podrán volar, me ilusiono con esa idea y me envalentono! y me echo a la plaza corriendo como un niño! Nada... No se apartan y yo no me atrevo tampoco a darles una merecida patada ¿Me habré vuelto yo también cristiano? Me miran como si fuera una cosa rara, un fenómeno sin clasificación dentro de su rutina. Es lo malo de formar un clan de deprimidos, que quizá un día aparezca tu oportunidad de ser feliz y la deseches por extraña. Me marcho por miedo a convertirme en la misma cosa si paso un minuto más ahí y, justo en ese momento, aparece de nuevo el principio del fin, el hombre sin brillo, con otra carga de pan reseso. Me pregunto si seremos nosotros lo mismo que ellas, a cadena perpetua de un alguien que nos da de comer. Prefiero pensar que nadie ha olvidado el placer de volar y de verlo todo desde arriba, vernos todos desde arriba,  superar el vértigo y el miedo para descubrir que son posibles esos lugares donde se hospeda nuestra esperanza :D